La dicha del perdón

Por Perfecto Jacinto

Cuando llevaron a Jesús a crucificarlo, echaron mano de un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y lo hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús.

Mucha gente y muchas mujeres que lloraban y gritaban de tristeza por él, lo seguían. Pero Jesús las miró y les dijo:

—Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos. Porque vendrán días en que se dirá: ‘Dichosas las que no pueden tener hijos, las mujeres que no dieron a luz ni tuvieron hijos que criar.’ Entonces comenzará la gente a decir a los montes: ‘¡Caigan sobre nosotros!’, y a las colinas: ‘¡Escóndannos!’ Porque si con el árbol verde hacen todo esto, ¿qué no harán con el seco?

También llevaban a dos criminales, para crucificarlos junto con Jesús.  Cuando llegaron al sitio llamado La Calavera, crucificaron a Jesús y a los dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

Y los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

Lucas 23,26-34, Dios Habla Hoy

«Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», v.34.

Palabras conmovedoras y llenas de verdad son las que pronunció el Señor Jesucristo al estar sufriendo en la cruz. Estos dichos de Jesús son conocidos como la primera palabra de Jesús estando en la cruz. Era el momento cuando dos pecadores estaban crucificados junto a Jesús, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Ya se acercaba la hora de expirar cuando pronunció esas palabras llenas de dolor y de compasión. La actitud del Señor de perdonar a todos los que intervinieron de una u otra manera en su crucifixión refleja su grande amor por todos.

Ese perdón incluye a los sacerdotes judíos, los escribas; los fariseos que no creyeron en él, que lo juzgaron, lo abofetearon, se burlaron del Hijo de Dios. Incluye ese perdón a los gobernantes; a Pilato, que lo juzgó injustamente, lo mandó azotar, y lo envió para ser crucificado. También, ese perdón de amor, abarca a los soldados que con suma fuerza, sin consideración, azotaron al Rey de Reyes, lo escupieron, se burlaron de él, lo desnudaron, le pusieron una corona de espinas, le dieron a beber vinagre. Ese perdón, abarca a toda la gente que sin recordar que Jesús siempre les hizo el bien, sin piedad gritaron «¡crucifícale, crucifícale!», y se burlaron cuando lo vieron en la cruz sufriendo. Aún ese perdón de amor y compasión, es para los discípulos que anduvieron con él por tres años, amándolos, enseñándoles, mostrando que era el Hijo de Dios. En los momentos de agonía lo abandonaron. Otro lo traicionó, otros dudaron de él, otro lo negó tres veces.

Pero… ¡sorprendámonos! En esa lista también estamos todas las personas en el mundo, usted y yo, por que por nuestros pecados él dió su vida en la cruz.

Reflexión

Hoy, la ignorancia de muchas personas es lo que sigue cada día crucificando a Cristo con el pecado, con la ceguera y sordera espiritual. No quieren conocer la verdad en Cristo. Jesús les dijo a los judíos: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8,32).

Sí, el conocer a Jesús lleva a escuchar sus palabras de amor y compasión. Jesús oró por sus opresores: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Son palabras de vida eterna, porque: «si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1,9). «La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1,7b).

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Juan 3,16-18

Dios nos llama a una relación de humildad con el prójimo y con la creación. El mundo vive hoy a espaldas de la práctica de principios y valores que son pilares de una nueva sociedad donde el reino de los cielos se hace presente.

Oración

Señor, ayúdame a predicar a los incrédulos acerca del perdón a todo aquel que se arrepiente de sus pecados. Amén.

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Perfecto Jacinto es pastor de la Iglesia Bautista El Buen Pastor, en Los Guananitos, Villa Altagracia, y Coordinador de la Comisión de Ministerios de Educación y Liturgia (MIEL), de IBAREDO.