Ser como niños

Por Dania Benítez

El Señor dice en su santa palabra que debemos ser como niños para entrar en el reino de los cielos, tal como en un pasaje de las Escrituras lo explicó a Nicodemo. Entonces me surge esta pregunta: ¿Porqué será que se nos hace tan complejo actuar como ellos? Tener el alma de un niño aunque poseamos el cuerpo de un adulto.

Los niños discuten y al rato están compartiendo como si nada pasó, ven la vida feliz, como si fuera un juego. Para mí es un juego un poco complicado, pero no difícil de jugar, con sus reglas que al cumplirlas nos ayudan a alcanzar la meta deseada y a descubrir la razón de estar vivos.

Tuve la oportunidad de conocer al Señor desde la infancia, y puedo decir que es algo tan maravilloso, que no hay palabra que describa tal experiencia. Pero conocerlo más tarde en la adolescencia o en la adultez, no deja de ser extraordinario y tener sus recompensas.

Recuerdo cuando desde la niñez visitaba la iglesia. Desde ese momento acepté a Jesús como mi amigo fiel. Aquél que estuvo dispuesto a dar su vida por mí en la cruz del calvario y con su preciosa sangre limpió mis pecados dándome una vida nueva.

Cada vez que visitaba la iglesia escuchaba las oraciones, las canciones y esas enseñanzas tan lindas, que me acercaban más a los pies del Señor. Hasta hoy puedo expresar que no me arrepiento de tal decisión.

«En realidad el trayecto al cielo es largo pero no quiero ser de los que a mitad se cansan y no continúan para ver qué hay al final del camino, cuál será el premio».

Al comienzo de mi adolescencia me bauticé, decidí nacer de nuevo, y desde este momento Cristo ha estado presente en mi diario vivir. Con él consulto mis penas, mis alegrías, mis logros, mis desaciertos, entre otras cosas interesantes para mí. Decidí amar a ese ser tan especial que había llegado a mi corazón para quedarse.

Los tiempos de mi adolescencia fueron muy buenos e inolvidables para mí. Hoy ya estoy viviendo la etapa de la juventud temprana; y puedo contar que mi vida ha sido muy bendecida y estoy muy agradecida de Dios.

En este camino he encontrado señales —así como las hay en las autopistas—. Algunas me indican que para seguir en el buen camino que lleva a Cristo el Salvador, hay que conocer y practicar a diario este asunto del amor. Si el amor implica tantas cosas… tengo que amar a mi prójimo tal como me amo yo.

Otra señal difícil de practicar es tener que ver con los ojos de Cristo, sentir como sintió Jesús y asumir la vida con un compromiso social y religioso como él lo hizo. Ver la vida como él la vió. Todo lo anterior cuesta mucho sacrificio pero no es imposible lograrlo. Dicen que la práctica hace al maestro. Estamos llamados a imitar al maestro por excelencia: Cristo Jesús.

Cuando se está en los caminos del Señor, te sientes comprometido a hacer bien todo lo que haces, luego mejor, hasta llegar a hacerlo excelente. Como si fuera para él.

He descubierto que cuando trabajas para que la obra de Dios crezca, Dios mismo te fortalece, te sustenta y renueva tus fuerzas para resistir lo que ha de venir, que a veces suele ser fuerte.

Dios ha convertido mi cansancio por su fuerza, donde estaba oscuro ha colocado su luz admirable, a mis problemas les ha dado sus soluciones y a todas mis preguntas Dios les ha dado respuestas.

En sus caminos he aprendido que lo que veo o pienso que es imposible, Jesús lo ha hecho posible y son incontables sus maravillas. ¡Por siempre estaré agradecida de lo que ha hecho por mí, por mi familia, mis amigos y por todos aquellos a quienes él les ha concedido su eterna salvación!

Bendito quien confía en el Señor,

quien pone en el Señor su seguridad.

Será un árbol plantado junto al agua,

que alarga a la corriente sus raíces;

no temerá la llegada del estío,

mantendrá siempre verde su follaje.

No le inquietará un año de sequía,

ni dejará por eso de dar fruto.

Jeremías 17, 7-8 (BTI)

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Dania Benítez es Presidenta de la Juventud Bautista de República Dominicana (JUBAREDO).